Reformar Terrassa

Y evidentemente, ahí empezó mi calvario. Cada página que ojeaba hacía experimentar a mi cuerpo una nueva excitación, hasta que “aquello” empezó a removerse debajo de los calzoncillos. El escozor, aunque iba aumentando, no mitigaba el deseo de seguir observando esas páginas, llenas de cosas muy, muy excitantes, así que finalmente, aunque yo no pude darme cuenta… “pling”, uno de los puntos había saltado irremediablemente. Y yo iba Reformar Terrassa, pero nada, ahí, valiente, “p´adelante”. Menudo gilipollas. “Pling”, “ala”, otro más. No sé cuántos saltarían, pero finalmente mi hermano apareció en casa, mientras que yo me daba prisa en guardar las revistas. Y él, al verme…

-Mark, ¿que demonios has hecho?¿Te has visto el pantalón? ¡Lo tienes manchado de sangre! -¿Si? –y entonces me vi- ay, ay, que desgracia. ¿Qué hago ahora, que hago? -¡Qué vas a hacer, gilipollas! Vámonos al hospital, al servicio de Urgencias, y esperemos que no sea nada importante… Segunda intervención. Terrible, como la primera. Otra vez a coserme. Aquello ya no era una albóndiga, era un deshecho, o dios sabe aqui

Pasados unos quince días, regresé a la consulta. Todo había transcurrido normalmente esta vez. Pero había que ver el resultado final. -A ver, chavalote, quítate los pantalones -.¡La enfermera, esta vez no se va la enfermera! Ay, dios… -Que… ¿qué tal? ¿cómo ha que… quedado? -Bien, bien, chico, bien, no te preocupes -me dijo el Dr. Bellando, revolviéndome el pelo de la cabeza. ¿Bien? ¿Solo bien? Ya está, inútil de por vida. Ya decía yo que esto no saldría bien. Ahora que hago, señor, que será de mi… Doctor Bellac… ejem, Dr. Bellando, ¿de verdad todo está bien?
-Que si, chicarrón, que si, jajajaja. Anda, tranquilo, y no te preocupes por el aspecto que pueda tener ahora. Poco a poco, todo volverá a la normalidad.-Gra… gracias, doctor.