Chistes buenos

Comprendí que la vida es un segundo, y que más vale sea intenso. Comprendí que una nevera puede estar vacía de todo menos de cervezas. Un desayuno es un acto social. La generosidad te envuelve como un manto amable y tibio. Lo cotidiano es mágico. El surrealismo está en la puerta de casa y a nadie le extraña. El color como antídoto a la tristeza. Sonrisas armadas hasta los dientes. Mercados de la miseria. Maíz, tomate y frijol. La vida y la muerte en elegante baile macabro, más información.

Y así, canto corridos cuando se me parte el alma hasta agotarme, porque el dolor sabe mejor con José Alfredo. En el amor hay que saber gozar pero también sufrir, y nadie sufre tan bien como los mexicanos, los reyes de las canciones para cortarse las venas.

Le pongo veladoras a Malverde, santo patrón de los narcotraficantes, para que cumpla mis mandas (y funciona). Le rezo para que suelten a Rafael Caro Quintero, porque me cae a todo dar. Le pido, en fin, para que me mantenga bien envenenada y no permita que venza mi lado español y un día olvide que fuí sinaloense para pena del Flaco que tanto amaba mi Chistes buenos chafa.

Así está la cosa, señores. Esto va como adelanto de la Fiesta de la Independencia, que esta servidora de ustedes no se piensa perder para desgracia del erario público mexicanito.

Algún patrocinador desea hacerme feliz y regalarme un boleto de avión?